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José Luis Beneyto S. J.

Al P. José Luis Beneyto, S.J

El pasado 8 de julio partía hacia la Casa del Padre nuestro querido jesuita y amigo el P. José Luis Beneyto Gasset. Había cumplido los 99 años con una lucidez extraordinaria, y tan solo en las dos últimas semanas su vida se fue apagando suavemente y se marchó con la paz y serenidad de un fiel discípulo de Cristo, rodeado de sus hermanos de la Compañía de Jesús.

Resumir en un pequeño artículo lo que significó el P. José Luis Beneyto para Fontilles y lo que Fontilles significó para él no es tarea fácil. Nuestro Sanatorio fue un destino apostólico muy especial en su dilatada vida de jesuita que impregnaría su corazón de una alegría sin límites que no podía ocultar y que le llevó a desempeñar una labor excepcional.

Llegó al Sanatorio de Fontilles como subdirector en septiembre de 1994, a sus 69 años, procedente del colegio Sagrada Familia de Elda. Previamente había sido ministro y profesor en el Colegio San José de Valencia durante 23 años, y prestado sus servicios en la Parroquia de Santa Rosa de Lima en Nueva York aprovechando los períodos estivales. Con la comunidad de fieles de esta iglesia neoyorquina mantuvo un contacto muy cercano hasta sus últimos días.

El P. José Luis Beneyto entra en Fontilles en un período previo a la etapa final de la presencia de los jesuitas en el Sanatorio (1997-2014), donde permaneció hasta el último día. Durante estos años estuvo al lado de cinco directores: los PP.  Ignacio J. Moragues (hasta 1997), Vicente Almiñana (1998), José Antonio Martínez Paz (2000), Antonio Guillén (2005) y Carlos Mª Sancho (2012-14).

En el transcurso de sus 20 años en el Sanatorio desempeñó su trabajo con una enorme dedicación y entusiasmo. Su cargo de subdirector le llevaba a realizar distintas funciones de gestión administrativa y de atención a quienes se interesaban por Fontilles y su actividad. Nunca dejaba un correo sin responder, una llamada sin contestar, una persona sin atender, y una visita sin recibir con los brazos abiertos. Era un hombre trabajador y disciplinado y sacaba tiempo para ocuparse y preocuparse de infinidad de cosas.

Precisamente una de las actividades que realizaba con mayor ilusión era la visita guiada a cuantos querían conocer el Sanatorio, sobre todo estudiantes de colegios, pero también asociaciones, grupos de amigos, etc. Les transmitía la historia de Fontilles con un recorrido por el Valle y si querían hablar con los residentes les advertía del respeto a su dignidad. Todos quedaban maravillados, pues les hablaba con tal cariño de Fontilles que llegaba al corazón de los visitantes.

Su labor de gestión y administración la realizaba junto a lo que constituía su verdadera vocación: el ejercicio de su ministerio como jesuita y como prefecto espiritual de la Casa. Oficiaba todos los días la Santa Misa, tanto en el Pabellón Ferrís como en la Residencia de ancianos. También llevaba la dirección espiritual de las Hermanas franciscanas, de los voluntarios y de los enfermos. Era una persona de trato afable y cercano y muy querido por todos, especialmente por los enfermos de lepra a quienes escuchaba y acompañaba con gran cariño. El P. José Luis se desvivía por ellos y los visitaba a diario por la mañana y por la tarde.

Su labor pastoral no se limitaba, sin embargo, solamente a la atención espiritual sino a participar y crear cuantas actividades fueran necesarias para que Fontilles continuara siendo un lugar donde a pesar de la enfermedad y el dolor, existiera alegría y felicidad. No desaprovechaba ocasión para organizar una fiesta onomástica para los residentes, o una merienda el día de San Francisco de Borja, titular del Sanatorio, o el de San Ignacio de Loyola, entre otras.

La búsqueda de la alegría en el Valle le llevaba a implicarse también en la acogida a las Peñas de Fontilles, tan fieles a la Casa y generosas con los residentes. Destaca el tradicional desfile de Moros y Cristianos organizado por la Peña de Alcoy, y su famosa “hucha” que repartía a sorteo un dinerito extra recaudado para los residentes. Junto a esta Peña, tantas otras Peñas más que organizaban bailes, teatros, cantos, etc., y que sería difícil de enumerar. Todos eran acogidos por él con una sonrisa y un afecto difícil de olvidar.

Y en medio de estos eventos, visitas y encuentros sacaba su cámara fotográfica y tomaba una instantánea. Tenía una gran afición a la fotografía y era el mayor reportero gráfico del Sanatorio. Era corriente verlo pasear con su cámara para inmortalizar algún momento o fotografiar un árbol, un pajarito, una flor, un arcoíris o un paisaje.

Al mismo tiempo y entre sus muchos quehaceres, el P. José Luis colaboraba con las parroquias del entorno del Valle y era todo un referente en la zona. Invitaba a los sacerdotes de los alrededores para que pudieran reunirse en sus retiros; acogía a jóvenes universitarios de Alicante y Valencia para celebrar la Pascua; era consiliario de equipos de matrimonios, etc. En definitiva, llevaba a cabo una actividad pastoral sin descanso y con el fervor propio de un hombre de Dios. Entre los pueblos vecinos, hablar de Fontilles era hablar del P. José Luis Beneyto. Lo conocía todo el mundo.

Por si fuera poco, también ejercía como cronista del Sanatorio. Escribía un diario sobre la vida en el Valle para la revista de Fontilles, algo que no dejó de hacer hasta que los jesuitas se marcharon en el año 2014.

Quizás podamos brevemente concluir diciendo que el P. José Luis Beneyto amaba profundamente a Fontilles y se entregó en cuerpo y alma a su cuidado dejando una huella imborrable en la historia de nuestro Sanatorio. Se comprometió apasionadamente con la causa de la lepra, fue amigo incondicional de los residentes, acompañante de los enfermos y buscador de la felicidad de todos los sufrientes. Admirador y devoto de los fundadores, el P. Carlos Ferrís y D. Joaquín Ballester, asimiló perfectamente el espíritu de Fontilles y lo puso en práctica con toda fidelidad.

Esta fue, sin duda, su mejor fotografía, la que él nos dejó de su persona y de su trayectoria en Fontilles. En ella aparecen todas las instantáneas juntas, y es que, quizás, entre foto y foto, no reparábamos que en el visor de su cámara tenía un cristalito de un color muy especial que le hacía ver en todos el rostro de Jesús, y ese era el secreto de su felicidad, de su mirada de amor, de su entrañable y cariñosa personalidad. Fue un auténtico jesuita, y como tal, todo lo hizo…

 Para Mayor Gloria de Dios.

Ad Maiorem Dei Gloriam

Siempre en nuestro recuerdo,

Descanse en paz, querido P. José Luis Beneyto

Alicia Puchalt Giner·Vice-Presidenta de Fontilles

Valencia, 31 de julio de 2024, festividad de San Ignacio de Loyola