La dignidad de Lalithamma
Lalithamma tiene 68 años y vive sola en su pequeña casa. Debido a la artrosis y otros problemas de salud, sus huesos duelen y el cuerpo no le responde como antes. Pero no tenía otra opción: debía caminar medio kilómetro para encontrar un lugar donde hacer sus necesidades. Con suerte, una vecina la acompañaba. Si no iba acompañada, usaba una cuneta al borde del camino, rogando que nadie la viera. A menudo, volvía a casa mareada, agotada por el esfuerzo.
Pero eso cambió cuando alguien tocó su puerta: una voluntaria de nuestro proyecto de baños y saneamiento. Al principio no lo creyó. ¿Un baño? ¿Para ella? ¿Quién pensaría en una mujer mayor, sola, sin recursos? Pero sí que pensamos en ella.
Hoy, Lalithamma abre la puerta de su baño con orgullo. “Ahora tengo mi propio espacio. Ya no me avergüenzo y no necesito pedir ayuda a nadie. Siento que he recuperado mi dignidad”, dice mientras sonríe.
Su historia no terminó allí. Vecinos que antes la ignoraban empezaron a preguntar, a soñar también con un baño. Ella, sin proponérselo, se convirtió en un ejemplo para su comunidad.
¿Nos ayudas a seguir cambiando vidas con este proyecto?