Lo que la lepra nos enseñó sobre salud mental
Este 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, la OMS nos pide escuchar a quienes lo han vivido en primera persona. En Fontilles trabajamos cada día con personas que saben bien de qué se habla: afectadas por la lepra, mayores que viven en nuestra residencia y personas que rehacen su vida después de un daño cerebral.
Lepra y estigma
Durante siglos, un diagnóstico de lepra significaba perder el trabajo, la casa y, muchas veces, la familia. Hoy la lepra tiene cura, pero el rechazo hacia quienes la han tenido no ha desaparecido, y eso afecta a su salud mental.
Los datos lo confirman. En India, un estudio en cuatro estados encontró depresión en el 33% de las personas afectadas y ansiedad en el 19% (PLOS Neglected Tropical Diseases, 2021). En China, un estudio de ámbito nacional detectó ansiedad, depresión o dificultades para la vida diaria en casi dos de cada tres pacientes (estudio nacional en China, 2025). Y una revisión de los estudios publicados concluye que la depresión y la ansiedad son mucho más frecuentes en las personas afectadas que en la población general (Global Mental Health, revisión sistemática). Esos mismos estudios relacionan los síntomas con la discriminación que sufren. Curarse tampoco lo resuelve del todo, porque quien tiene secuelas visibles sigue expuesto a ese rechazo.
Por eso nuestros proyectos de cooperación incluyen algo más que el diagnóstico y el tratamiento. En India, junto a nuestros socios locales, impulsamos grupos de autoayuda y foros comunitarios donde las personas afectadas se apoyan entre ellas, programas para que recuperen sus ingresos y su autoestima, y sesiones en escuelas y comunidades para desmontar el miedo a la enfermedad. La OMS recomienda en su campaña de este año precisamente este tipo de apoyo entre iguales y dentro de la comunidad.
La historia del Sanatorio
El Sanatorio de Fontilles abrió sus puertas en 1909 y acogió a más de 3.000 personas con lepra. Muchas encontraron aquí un hogar, pero también vivieron lejos de sus familias, en una época en la que la enfermedad se escondía.
De aquella etapa aprendimos que cuidar a alguien no es solo tratar su enfermedad. También es cuidar su bienestar emocional y sus vínculos, y así trabajamos hoy.
Centro Geriátrico Borja
Con la edad llegan a menudo la soledad, la pérdida de autonomía o los problemas de memoria, y todo eso pesa en el ánimo. En el Centro Geriátrico Borja intentamos que cada residente conserve lo que forma parte de su vida: sus costumbres, su gente, lo que todavía puede hacer por sí mismo y su manera de hacer las cosas.
Para ello trabaja un equipo de distintas especialidades: atención sanitaria, fisioterapia y rehabilitación, estimulación cognitiva, terapia ocupacional, psicología y trabajo social. Los cuidados se organizan según la situación de cada residente, con el modelo de Atención Integral Centrada en la Persona. El centro tiene también centro de día, para quienes prefieren seguir viviendo en su casa y venir aquí a recibir la atención que necesitan.
Centro Ferrís
Después de un daño cerebral, además de las secuelas físicas, es frecuente que aparezcan ansiedad, tristeza o cambios de carácter. Y a las familias también les cuesta adaptarse.
En el Centro Ferrís atendemos a estas personas y a sus familias a partir del alta hospitalaria. Cada una tiene su propio programa de rehabilitación, con fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, neuropsicología, atención psicológica y trabajo social, ajustado a lo que puede hacer y a lo que quiere conseguir.
Las familias reciben orientación y apoyo, porque ellas también tienen que aprender a convivir con los cambios. Buscamos que cada persona gane toda la autonomía posible y siga adelante con su vida a su ritmo, tomando sus propias decisiones.
Escuchar a quien lo vive
En Fontilles, las personas están en el centro de lo que hacemos, aquí y en los proyectos de cooperación. Las escuchamos antes de decidir cómo cuidarlas, y esa es la petición de la OMS para este 10 de octubre.