Un sueño cumplido: seguridad y autoestima
Para Mounika y su hermana Manasa, tener un baño no era solo una necesidad. Era un sueño. Uno que durante años les parecía inalcanzable.
Ambas crecieron sin un baño, acostumbradas, como su hermano y sus vecinas, a hacer sus necesidades en el campo. De adolescentes, aprendieron a salir antes del amanecer y después del anochecer para evitar las miradas, los comentarios,… el miedo.
Porque ser mujer y no tener un baño es vivir con miedo constante. Miedo a la oscuridad. Miedo a los hombres que acechan. Miedo a ser humilladas.
Mounika, que ahora tiene 25 años, era muy buena estudiante y llegó a la universidad. Entonces empezó a desarrollar una mayor autoestima y se volvió más consciente de la higiene. Un día una amiga la invitó a quedarse unos días en su casa. Por primera vez usó un baño con puertas, agua y privacidad. Allí comprendió cuánto le faltaba.
Su hermana pequeña, Manasa, sentía vergüenza cuando tenía que ir a hacer sus necesidades al campo y se quejaba de los comentarios lascivos de algunos chicos del pueblo. Su madre intentó que las jóvenes comprendieran su estatus social y les aconsejó que se conformaran, como sus vecinas.
Cuando iniciamos la campaña sobre saneamiento y baños en Chilakalapalli, Mounika y Manasa insistieron a sus padres para que aprovecharan la oportunidad. Si bien la madre apoyaba a las niñas, el padre no estaba dispuesto a realizar la obra de la fosa séptica y el pozo, condición necesaria para entrar en el proyecto. Finalmente lo convencieron. Las dos hermanas contribuyeron con su trabajo en la obra para no tener que gastar más dinero.
La construcción de un baño individual en la casa ha afectado profundamente la salud mental de Mounika y Manasa. Ya no sufren ansiedad, miedo ni vergüenza. Su rendimiento en los estudios y su autoestima han mejorado.
“Ahora podemos ir al baño sin miedo. Sin escondernos. Sin vergüenza”, dice Mounika.
Otras 100 familias esperan su oportunidad de tener un baño en casa. ¿Les puedes ayudar?